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El Bebé ya está por llegar
Minimizar 

¿Cómo sobrellevar el tercer trimestre de embarazo?

Mientras el bebé completa su formación, la mamá tiene que aprender a convivir con una panza cada vez más grande. Sobrellevando los calores veraniegos o evitando los resfríos invernales, el tercer trimestre obliga a manejar ansiedades e incomodidades al mismo tiempo.
 
Es la última etapa y el embarazo está a flor de piel. La panza, que aumenta a pasos agigan­tados, se impone. La mujer comprueba que le abren paso en la cola del banco o le ceden inme­diatamente el asiento en el colectivo. Semana a semana, la balanza es la prueba fehaciente de lo mucho que está creciendo el bebé. Falta tan poco para que nazca y, a la vez, queda tanto tiempo por delante... Tres meses de cambios abruptos y máxima conexión madre-hijo; tam­bién, tres meses de síntomas potenciados y algunas molestias.
 

En verano y en invierno

Las parejas más organizadas (aquellas que planearon todo, incluso la estación en la querían que se diera el parto) habrán tenido en cuenta que llegar al verano en el tercer trimestre no era la mejor idea. Otras, en cambio, tendrán que aprender a tolerar las altas temperaturas con la gran panza a cuestas. Por más saludable, tranquilo y placentero que sea el embarazo, los días más calurosos y húmedos inevitablemente causarán incomodidad. Sobre todo por­que en el último trimestre la gestante de por sí está más acalorada. La hidratación, la ropa liviana y la evasión de grandes esfuerzos son clave para impedir un golpe de calor. El clima de verano seguramente hará que la hinchazón de pies, tobillos y pier­nas se incremente en esta etapa, por lo que el descanso con las extremidades levantadas se vuelve más necesario. Por estos días, la hinchazón se notará también en el rostro. Y es pro­bable que la sudoración se multiplique.

 
Llegar al tercer trimestre en invierno también obliga a tomar ciertos recaudos. Aunque con­tagiarse un resfrío no presenta mayor riesgo para la embarazada, lo ideal es tratar de evi­tar cualquier cuadro que requiera ingerir medicamentos. Para adaptarse a la temperatu­ra corporal cambiante -efecto de las alteracio­nes hormonales- conviene vestirse con varias capas de prendas (el famoso método "cebolla") para sumar o restar ropa sin abrigarse excesivamente ni desabrigarse de golpe.
 
Todo se Potencia
Más allá de los grados que marque el termómetro, los cambios de este tercer trimestre se harán sentir en el cuerpo. Ya no se trata de náu­seas y malestares como los de aquella primera etapa que hoy parece tan lejana. Ahora, es el creciente tamaño de la panza el responsable de las princi­pales incomodidades. Conciliar el sueño resulta cada vez más dificultoso; aunque la fatiga va en aumento y se necesita descansar, cuesta hallar posiciones cómodas en la cama.
 
Por otro lado, una sensación de falta de aire o respiración entrecortada apare­cerá en las últimas semanas. Es que el bebé ocupa cada vez más espacio, y el útero engrandecido deja menos lugar para los movimientos del diafragma y el funcionamiento pulmonar normal. El feto creciente genera también una mayor presión sobre la vejiga, por lo que las ganas de orinar surgen cada vez con más frecuencia.

Como la panza, los pechos también estarán más exuberantes semana a semana. Preparándose para la lactancia, es posible que a lo largo del tercer trimestre comiencen a gotear calostro (la primera leche que se segrega); es completamen­te normal y no requiere más que comenzar a utilizar protectores mamarios. 

 

 

 Información Recopilada por el Equipo de Ser Mamá Hoy
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