¿Cuál es el que más me conviene?
La información necesaria para poder elegir entre un parto convencional, hospitalizado o uno "humanizado". Adoptar la postura clásica o no. Dar a luz entre médicos o en soledad. Todas las variantes para recibir al bebé.
Obstetra, partera y enfermeros, con ambos y barbijos. La gestante acostada boca arriba. Su pareja junto a ella, sólo observando. Al pensar en una instancia de parto, ésta suele ser la escena habitual. En un ámbito hospitalario, con los médicos como protagonistas y los flamantes papá y mamá deseando que todo termine pronto para poder comenzar a disfrutar de su hijo o hija.
Sin embargo, hay muchas otras escenas posibles. Tanto los variados enfoques obstétricos como la recuperación de prácticas ancestrales y la incorporación de nuevas tendencias brindan un amplio rango de opciones para el momento de recibir al bebé. Ninguna de las aconsejables o sugeribles implica, claro, dejar de lado la palabra profesional y la evaluación de factores de riesgo. Simplemente se trata de conocer para poder elegir.
Un debate de larga data
Así como en diferentes rincones del mundo y en todos los tiempos las distintas culturas desarrollaron sus propias formas de parir, en Occidente el modo de recibir a los bebés no siempre fue igual. La modalidad hoy considerada más tradicional -medicalizada y con la mamá en posición horizontal- no siempre estuvo presente. Hasta alrededor de 1550, en Europa sólo había parteras asistiendo a las gestantes. El parto no era cosa de médicos. Fue por entonces cuando los médicos comenzaron a competir con las expertas en nacimientos. Un siglo más tarde, el obstetra Franois Mauriceau marcó un quiebre en la disciplina, difundiendo que la parturienta debía estar reclinada, tanto para su comodidad como para la de los médicos. El debate actualmente vigente en torno de parir en posición recostada no surgió en este siglo. Ni siquiera en el anterior. Se remonta por lo menos a la década de 1880, cuando el obstetra George Engelmann planteó que la postura resultaba antinatural.
Mamá y Papá deciden
En consonancia con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, la noción de parto humanizado o respetado comienza a difundirse e imponerse en varios países. Implica que la pareja gestante debe disponer de información acerca de sus alternativas para el momento del parto, así como estar advertida sobre las posibles medidas a tomar en caso de riesgo. Los parámetros de la OMS señalan que deben evitarse las intervenciones quirúrgicas y el suministro de medicación, a menos que sea estrictamente necesario. La mujer tiene derecho también a elegir quien la acompañará en la sala, sea su pareja, su madre, una doula u otra persona que contribuya a su tranquilidad y bienestar.
Ambiente Humanizado
El dónde incide en el cómo. Aun si opta por parir tradicionalmente, recostada sobre la camilla, la mujer tiene derecho a dar a luz en un ambiente íntimo, cuidado, no abarrotado de gente ni ruidos. En función de las recomendaciones de la OMS, hospitales y sanatorios deberían contar con salas donde la mamá pasara del trabajo de parto al alumbramiento y luego a la recuperación, sin necesidad de ser trasladada.
La adecuación de las instalaciones es, sin embargo, muy lenta (sobre todo en el ámbito público). Estos sitios especialmente diseñados para respetar a la mamá y al papá que traen a su hijo o hija al mundo deberían contar, además, con los implementos para las distintas posturas. Por ejemplo, camillas adaptables para partos semisentados y el banco utilizado para el alumbramiento en cuclillas. Si el embarazo se desarrolló sin problemas, mamá y bebé llegaron al momento del parto en perfecto estado y todas las señales indican que el nacimiento se producirá sin inconvenientes, la función del médico debería parecerse más a la de una vigilancia que al de quien comanda un equipo de trabajo. La concepción del parto humanizado implica que la mamá y el papá son partícipes activos del nacimiento; obstetra, partera y demás miembros del equipo están allí para supervisar, guiar y acompañar. Y, por supuesto, tomar las determinaciones pertinentes si se presenta un problema.
Tres propuestas de parto diferente
A DOMICILIO: Volviendo a costumbres de antaño, cada vez más parejas optan por dar a luz en su casa. Son muchos los obstetras que aprueban e incentivan la decisión. Los puntos a favor: mayor intimidad, el bebé es recibido en un ámbito cálido y tranquilo, nadie apresura los tiempos, todo sucede de forma más natural. Sin embargo, los factores en contra también pesan. Y llevan a otros tantos obstetras a negarse a esta práctica. Por más que el embarazo sea saludable, la posibilidad de que se produzca un inconveniente siempre existe, y estar fuera de una institución médica implica correr un riesgo demasiado alto. Para que la modalidad domiciliaria fuese completamente segura, una ambulancia bien equipada debería aguardar en la puerta de la casa de la gestante.
EN CASAS DE PARTO: Son sitios especialmente diseñados para que nazcan bebés. No son clínicas ni hospitales. Cada pareja decide cómo tener a su hijo o hija, con la asistencia y compañía de parteras y matronas. Sin los riesgos de parir a domicilio, evitan la frialdad del hospital. Las casas de parto existen en algunos países de Europa, como Alemania.
EN EL AGUA: El agua tibia favorece la relajación y la dilatación, alivia los dolores y permite a la mamá adoptar posiciones instintivas y recibir a su hijo o hija en un ámbito natural. Aunque las ventajas señaladas son muchas, la modalidad sólo puede ser tenida en cuenta si el bebé está bien ubicado, la mamá no sufre presión arterial ni tiene un embarazo múltiple. En Argentina sólo suele darse en partos a domicilio. En otros países, como Inglaterra, el parto acuático está muy difundido e institucionalizado.
Posturas Diferentes
Una vez elegido el espacio, la mamá deberá informarse sobre qué postura le resulta la más conveniente para dar a luz. Está probado que la postura tradicional, con la embarazada boca arriba sobre la camilla y las piernas abiertas y flexionadas resulta la posición más cómoda para el equipo médico pero no necesariamente para la mamá. Es la pose más frecuente cuando se aplica la peridural; no favorece el rol activo de la parturienta. Pujar, hacer fuerza, todo se vuelve más dificultoso. De ahí que sean otras las posturas que van ganando adeptas.
En Cuclillas: Muy cerca del suelo y aprovechando la fuerza de gravedad, el parto en cuclillas se basa en la habitual forma de dar a luz de diversos pueblos y culturas presentes y pasadas. La pelvis alcanza su máximo grado de apertura y la embarazada ejerce y controla su fuerza. Puntos en contra: no es lo más cómodo para el equipo médico y puede resultar muy cansador para la parturienta si el bebé demora en salir.
Sentada: Sobre una silla o sillón adaptado para tal fin, esta postura permite aprovechar la fuerza de gravedad, sin adoptar una posición agotadora. Colocar los pies hacia fuera y las rodillas flexionadas ayuda a hacer fuerza. En la etapa previa a la fase expulsiva, la silla puede servir al revés, usando el respaldo como base de apoyo para los brazos de la mamá. Quien recibe al bebé se sienta en el suelo, frente a la silla.
Semisentada: Es la opción más elegida por quien busca un parto humanizado y un rol activo, sin despegarse demasiado de los métodos tradicionales ni incomodar la labor del equipo médico. La mamá está sobre la camilla pero su posición no es acostada sino semierguida, con fuerza para pujar. Además, el ángulo le permite ver la salida de su bebé. Si consigue inclinarse hacia delante, podrá compartir el "sacar" al recién nacido al mundo, con la ayuda de su pareja.
En cuatro patas: Puede realizarse en cuatro patas con las manos sobre el suelo, o usando un objeto de apoyo. Se necesitan también almohadones o mantas debajo de las rodillas. Con el peso del cuerpo sobre los brazos y la columna derecha (perpendicular al suelo) y relajada. Aprovecha la fuerza de gravedad, evita los dolores lumbares y es especialmente útil si el bebé es grande.
Información Recopilada por el Equipo de Ser Mamá Hoy