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Hermanos que se Pelean
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Las peleas entre hermanos no se terminan cuando uno de ellos deja de llevarse a la boca los juguetes del otro, sino que siguen y por lo general no se resuelven hasta la adolescencia.

Cuando los hermanos que tienen entre 4 y 10 años se pelean, los motivos pueden seguir siendo el uso de los juguetes y los celos, pero también aparecen otros que son propios de niños más grandecitos: quién se baña primero, quién desordenó y quién no –y por ese motivo no quiere guardar-, las invitaciones de amigos –uno invita y el otro quiere invitar, o invitan sólo a uno y eso genera conflictos-, las actividades que puede hacer uno sí y otro no debido a la diferencia de edad –por ejemplo un chiquito de 4 no puede patinar sobre hielo, pero su hermano de 10, sí-, las diferencias que existen entre ellos a la hora de elegir un programa –uno quiere ir al cine y el otro prefiere alquilar un video-, etc.

Las razones son infinitas e incluyen los tan inciertos “me miró mal” o “me habló mal” que muchas veces deja a los padres sin saber cómo intervenir. Por eso vale insistir en el hecho de que las peleas entre hermanos son esperables y que, como regla general, los padres deben ser neutrales y abstenerse de opinar, retar y participar, salvo que la situación se vuelva insostenible.

Y a la hora de las penitencias, siempre conviene que sean para los dos, porque la mayoría de las veces es muy difícil desentrañar “quién empezó” o “quién tiene la culpa” y los padres deben evitar todo lo posible ponerse en el lugar de jueces. Hacer cumplir las penitencias y mostrar “un frente común” entre ambos padres –y no discutir sobre criterios de crianza, o si corresponde o no una penitencia delante de los chicos- también es fundamental para que los chicos tengan un límite claro que les de seguridad.

Cuando los chicos acuden a sus padres a decirles que su hermano hizo –o no hizo- tal o cual cosa, los padres no deben incluirse inmediatamente: “Anda y decile que eso no te gusta” y “Resuélvanlo entre ustedes” son dos frases para devolverles la responsabilidad sobre la situación. Y hay que tener en cuenta que si los padres actúan permanentemente como mediadores y jueces entre sus hijos, no los ayudan a aprender a resolver sus conflictos por su cuenta, lo cual dificulta el camino hacia la autonomía.

Los diferentes permisos que pueden tener los hermanos también suelen ser fuente de pelea y enojo, porque si el de 10 años puede ir solo al kiosco a buscar el diario, el de 4 también va a querer hacerlo. Por eso un detalle importante para tener en cuenta a la hora de tratar de ser “justos” con los hijos –cuando no queda otra opción más que intervenir en una pelea-, es recordar que lo más adecuado no es darles a los dos lo mismo, sino a cada uno lo que necesita. Y eso hay que enseñárselos en el día a día. 

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Incentivar la Lectura
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¿Cómo lo hacemos?

Desde el jardín de infantes hasta tercer grado, usted podrá observar importantes cambios en las habilidades de lectura y de escritura de sus hijos. Ellos no sólo aprenden en la escuela. Usted también puede hacer muchas cosas para ayudarlos y entusiasmarlos con la lectura y la escritura. Estas son algunas cosas que usted puede hacer para disfrutar junto con sus hijos y ayudarlos en la lectura:

·         Comparta lecturas en voz alta. Puede leer usted o, si está de acuerdo, pueden alternar leyendo una oración o párrafo cada uno.

·         Realice esta actividad mientras sus hijos la disfrutan y lo desean, aunque sea un periodo breve. Es importante que lo disfruten y no sea una obligación.

·         Deje mensajes escritos para que sus hijos los descubran y lean.

·         Llévelo a visitar librerías, ferias de libros y bibliotecas.

·         Compartan un libro y luego la película basada en ese texto.

 

Ponga a su disposición

·         Libros con textos breves y sencillos que ellos mismos puedan leer.

·         Libros que usted ya les haya leído cuando eran más chicos y ahora pueden leer por sí mismos.

·         Libros de variados géneros: cuentos, poemas y de divulgación (por ejemplo, sobre temas que les interesen: animales, hobbies, autos, etc.).

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La Señora Tortuga va a la Boda
Una tarde, la tortuga Rita estaba limpiando su casa, cuando oyó el timbre. Comenzó a caminar y caminar, y al cabo de un buen rato, llegó a la puerta y abrió. Frente a ella había un cartero que le dijo:
-      ¿Es usted la Señora Tortuga?
La tortuga metió la cabeza dentro de su caparazón, pensó un rato y le respondió:
-      ¿Y usted, quién cree que soy…? ¿Un canguro?
El cartero, muy serio, le entregó la carta y se fue. Rita, preocupada por el cartel que decía MUY URGENTE en el sobre, la leyó al día siguiente y dio un salto de alegría al enterarse de que su prima Josefina se casaba y la invitaba a la fiesta.
Pensó que era mejor prepararse con tiempo para no llegar tarde, así que tomó un baño de espuma, cepilló su caparazón, se puso colonia, se pintó los labios y salió. Bajaba con cuidado las escaleras de su casa pero, de pronto, resbaló y cayó rodando a la vereda.
-      ¿Se lastimó?, le preguntó el portero.
-      No, gracias… Ya estoy acostumbrada porque siempre bajo así…
Se puso en camino y, al cabo de dos semanas, llegó al lugar.
-      ¡Que mala pata! Josefina vive en el piso catorce…

Muy animosa comenzó a subir las escaleras, porque el ascensor no funcionaba y, cuando después de un mes estaba por llegar al último peldaño, dio un resbalón y… pang… pong… crash… ¡catacrock! Con los labios despintados y el caparazón deslucido, se encontró en la puerta con los novios, que cargados de valijas, volvían de su luna de miel…

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